Al escuchar las letras de Los Prisioneros en estas primaveras de extremos, en donde la dulce fragancia de los árboles florecidos se combina con el nauseabundo y paralizante aroma de los bonos de inversión basura, me he percatado de que resultan –casi- desagradablemente proféticas y representativas de esos alaridos emitidos por aquellos –nosotros- punks de escritorio y viejos de mierda sentados a este lado de la vereda, como tan bien los definiría un buen amigo, pues aún la tele nos da sueño solo de noche, conservamos un afiche de Raphael y nos peinamos como el, aún muchos sueñan con Nueva York y con Europa, aún estamos listos tu y yo para matarnos los dos por algún miserable porcentaje, aún en nuestros corazones hay un revólver para los malditos sudabas, aún a mis amigos se les han acabado los 12 juegos, aún pedimos independencia cultural con una guitarra eléctrica, y por supuesto, aún somos un pueblo al sur de Estados Unidos…
¿Cómo es posible que las letras escritas por aquel personaje tan controvertido hace ya 25 años tengan tanta vigencia? Pues hoy, 30 de Septiembre de 2008, todas aquellas cosas que perturbaban y asqueaban a esa juventud permanecen ahí, al parecer mas vivas que nunca. Y si tantas generaciones han empuñado las banderas de lucha a través del tiempo…de que sirve romper las cadenas, si al salir e interiorizar la luz otras cadenas nos vuelven a encadenar, ahogándonos y condenándonos a la desesperanza y a la impotencia al descubrir que la Libertad en este mundo, reside justamente en lo contrario de lo que platón creía: la Ignorancia.
Quizá ahora solo nos queda el lugar, al igual que hace 25 años, de seniles y juveniles locos Prisioneros, a menos que aceptemos o intentemos aceptar nuestro rol estelar en esta pugna y así podamos sentir por un rato, por nuestra sanidad mental y por nuestra felicidad, la piel que surge de las entrañas de nuestras ciudades y vestirá al mundo, empapada de sangre latina, roja, furiosa y adolescente. Al igual que 25 años, con la misma esperanza y fe de encontrar el martillo apropiado para romper y triturar aquel eje con dureza de diamantes, por el cual gira nuestra amada y odiada sociedad.
martes, 30 de septiembre de 2008
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