
En los últimos días hemos visto que el Gobierno a través de su Ministro-Sheriff Rodrigo Hinzpeter ha estado denunciando una supuesta responsabilidad de ciertas organizaciones del pueblo Mapuche por los incendios forestales que han afectado los bosques del sur del país. Fuera de todo lo grave que es esta sistemática intromisión del ejecutivo en asuntos propios del Poder Judicial, pues éste trata irresponsablemente de establecer responsabilidades civiles y penales mediante sus conjeturas, lo que subyace realmente a toda esta polémica es incapacidad que ha demostrado el Estado Chileno para resolver el “problema Mapuche”.
Si bien, en Diciembre de 1989 el entonces candidato presidencial y a la postre presidente Patricio Aylwin en el llamado “Acuerdo de Nueva Imperial” hace un reconocimiento de la “deuda histórica” con los pueblos indígenas y se compromete a su reconocimiento constitucional como tales, todos los gobiernos desde la recuperación de la democracia han tenido una postura más bien “asimilacioncita” con los pueblos indígenas y en particular con el Mapuche, llevando a cabo distintas políticas públicas que van en esta dirección. Sin embargo, la pertinencia de este tipo de políticas públicas comenzó a quedar en entredicho con la aparición de organizaciones lideradas por profesionales Mapuche –educados por el estado chileno en el marco de aquella estrategia de asimilación- que buscaban recuperar el honor perdido de sus antepasados a partir de la históricamente omitida “Pacificación de la Araucanía” de 1884 y fundar una Nación sobre la base de tierras que éstos consideraban usurpadas a las comunidades Mapuche durante la Dictadura y que finalmente fueron a dar a las distintas empresas forestales que hoy operan en la zona y que tanto se quejan de la “violaciones a la propiedad privada” de las que son víctimas.
El vocero de Gobierno Andrés Chadwick, más allá de esbozar la responsabilidad de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) en otros incendios aparte del desmentido que hace la organización por el incendio de Carahue, niega abiertamente la “militarización de La Araucanía” –lo cual está puesto en duda por las diversas denuncias que han hecho las comunidades por los métodos de Carabineros- y afirma que “desde hace dos años a fondo con las comunidades mapuches, trabajando intensamente con ellos. Hemos logrado una gran relación, un gran vínculo. Se está trabajando en la entrega de tierras, en la capacitación, en el desarrollo social de ella, hay una mesa de trabajo establecida (…)” (La Tercera, 10 de Enero de 2011), lo cual a pesar de las buenas intenciones expresadas da cuenta del marcado etnocentrismo que ha padecido éste gobierno y los anteriores. ¿Cómo pretender insertar a un Pueblo en un modelo de desarrollo económico que atenta abierta contra sus valores fundamentales? ¿Cómo pretender que vivan en comunión con Empresas que explotan sus tierras ancestrales sin ningún cuidado, y que además, ya tienen antecedentes de atentar contra sí mismas con el objeto de que el gobierno se vea obligado a invocar la Ley de Seguridad del Estado y se encarcelen así a los activistas que los molestan en su labor productiva?Es evidente que no se puede imponer a un Pueblo una forma de pensamiento y organización distinta, que pretende finalmente absorber dentro de lo que podríamos llamar la “identidad oficial” chilena a la identidad Mapuche, que por lo demás es utilizada solamente de forma oportunista en su vinculación con la primera. Basta que recordemos la formación básica y media que recibimos en Ciencias Sociales para comprobar aquello.
Como winca, en cambio, lo que observo es que lo que demandan realmente los Mapuche es el reconocimiento de éstos como una “otredad” distinta a Chile, lo que no implica –como se tiende a pensar- necesariamente una necesidad de separatismo del pueblo de la Araucanía (¿o deberíamos empezar a hablar del Wallmapu?), sino que implica un respeto total del Estado Chileno hacia la Identidad Mapuche, sin intervenciones de terceras partes y que en finalmente se añada íntegramente como parte constitutiva de la nación Chilena. Si como chilenos, comenzamos a trabajar desde una base de igualdad y respeto con el pueblo Mapuche –y con el pueblo Aymará, Quechua, Atacameño y Rapa Nui- y nos disponemos a construir juntos desde esa base un País, tendremos de seguro un país enriquecido culturalmente y sobre todo, seguro de sí mismo y de lo que representa lo que implica en definitiva un tejido social más fuerte para llevar a cabo las otras tantas reivindicaciones que el país tiene que conseguir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario